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Abstract

El artículo propone una reflexión crítica a modo de ensayo sobre los imaginarios sociotécnicos que han configurado históricamente el desarrollo de la tecnología y, particularmente, de la Inteligencia Artificial Generativa (IAG). Se sostiene que la ciencia moderna occidental se estructuró a partir del miedo como afecto dominante, heredado de las tradiciones prometeica y fáustica, las cuales promovieron una relación con la técnica basada en el control, la dominación de la naturaleza y el rechazo de la finitud humana. Desde esta lógica, la tecnología ha sido imaginada como instrumento de poder, defensa y superioridad, reforzando narrativas de fascinación y temor frente a la posibilidad de que las máquinas excedan el control humano. En este contexto, la IAG continúa reproduciendo imaginarios modernos, coloniales y heteropatriarcales que invisibilizan las condiciones materiales, territoriales y corporales implicadas en su funcionamiento. Se retoma el concepto de núcleos de fascinación para explicar cómo ciertas representaciones culturales, como HAL 9000 en 2001: Odisea del espacio, han consolidado una visión de la inteligencia artificial como entidad autónoma y amenazante. Frente a ello, el ensayo plantea la necesidad de deconstruir esos imaginarios y propone la ternura como categoría política, afectiva y creativa para imaginar futuros tecnológicos alternativos. Aquí, la ternura se entiende como una ética relacional basada en el cuidado, la interdependencia y el reconocimiento de la alteridad. De este modo, desde perspectivas feministas y decoloniales, se propone imaginar tecnologías situadas, sensibles y comunitarias, capaces de articular relaciones horizontales entre humanos y no humanos. En diálogo con el manifiesto tecnoafectivo de Ciacci y Ricaurte (2024), el ensayo subraya la importancia de visibilizar las dimensiones extractivas y coloniales de las infraestructuras tecnológicas digitales y de construir tecnologías desde los afectos y los cuidados. El análisis de la película Sleep Dealer ejemplifica dicha propuesta. La película muestra un futuro donde corporaciones estadounidenses controlan el agua y explotan trabajo migrante a distancia mediante tecnologías corporales y redes digitales. Sin embargo, también representa formas de resistencia y reapropiación tecnológica desde el Sur global, como el hackeo, el pirateo y la creación de memorias compartidas. A través de estas prácticas, la tecnología deja de ser únicamente un instrumento de dominación para convertirse en espacio de sensibilidad, comunidad y resistencia. Finalmente, se concluye que imaginar futuros para la IAG desde la ternura implica incorporar epistemologías, lenguajes y conocimientos históricamente invisibilizados por la modernidad occidental. Deconstruir los imaginarios dominantes de la inteligencia artificial supone intervenir políticamente en la imaginación misma para construir futuros mediales más horizontales, plurales y afectivamente situados.

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