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Rafael Conde Melguizo (Coord Editorial)
Jessica Blanco Marcos (Coord Editorial)
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Jessica Blanco Marcos 0009-0005-8896-6129
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Description
Durante décadas, la internacionalización de la educación superior se ha construido principalmente sobre una idea: viajar para estudiar. Las universidades han desarrollado amplias redes de colaboración que permiten a sus estudiantes cursar un semestre o un año académico en otra institución, ya sea mediante programas de movilidad europeos o a través de acuerdos bilaterales con universidades de todo el mundo. Junto a estas movilidades tradicionales, las dobles titulaciones internacionales, los programas conjuntos o la creciente oferta docente en diferentes idiomas han contribuido igualmente a construir universidades más abiertas y conectadas. Todas ellas fortalecen la dimensión internacional de las instituciones y constituyen pilares fundamentales de la formación universitaria. Las experiencias internacionales de corta duración también han formado parte de este recorrido. Durante años, numerosas universidades promovieron viajes de estudios —cada vez a destinos más remotos—, talleres intensivos o semanas de trabajo conjunto con instituciones socias, impulsados en gran medida por la iniciativa y el compromiso de equipos docentes que mantenían relaciones académicas estables con colegas de otros países. Estas experiencias, diseñadas casi de forma artesanal, generaban un indudable valor formativo y, en ocasiones, lograban integrarse en la actividad académica. Sin embargo, dependían frecuentemente de iniciativas particulares y no siempre respondían a un modelo institucional con objetivos compartidos y reconocimiento académico claramente definidos.
Partiendo de aquellos grandes esfuerzos, el contexto actual invita a tomarlos como referencia y ampliar la mirada. La diferencia de estos nuevos formatos no reside únicamente en la menor duración de la estancia, ni en la idea de condensar el mismo aprendizaje en menos tiempo. Su principal aportación está en la forma de concebir la experiencia internacional. Hoy existe una conciencia creciente de que la colaboración internacional constituye, por sí misma, un espacio de aprendizaje. Por ello, las alianzas entre instituciones persiguen no solo facilitar un desplazamiento, sino diseñar conjuntamente experiencias formativas donde el proceso de trabajo, la interacción entre estudiantes y la consecución de resultados compartidos forman parte esencial del aprendizaje. En este escenario, los programas internacionales de corta duración adquieren un protagonismo creciente, no porque pretendan sustituir una movilidad semestral, sino porque ofrecen oportunidades diferentes. Su principal aportación no reside en reducir el tiempo del desplazamiento, sino en proponer experiencias intensivas basadas en el desarrollo de proyectos, la colaboración intercultural y la resolución conjunta de retos concretos. La incorporación de formatos como los Blended Intensive Programmes (BIP), impulsados por la Unión Europea, ejemplifica esta evolución. La combinación de trabajo virtual previo con un encuentro presencial concentrado permite construir equipos internacionales antes del viaje, aplicar destrezas digitales, desarrollar un proyecto común y culminarlo durante una experiencia compartida de pocos días. El tiempo deja de ser el principal indicador del valor de la movilidad para dar paso a la intensidad del proceso vivido. Esta diferencia resulta especialmente relevante desde el punto de vista competencial. Mientras que una movilidad individual de larga duración favorece la inmersión cultural y la autonomía personal, los programas cortos sitúan al estudiante ante un contexto de colaboración permanente. Los participantes deben organizarse, negociar decisiones, comunicar ideas en entornos multiculturales y alcanzar objetivos compartidos en un plazo limitado. En estos escenarios, las competencias transversales dejan de ser un resultado indirecto para convertirse en el eje de la experiencia. Aprender a trabajar con personas procedentes de distintos sistemas educativos, culturas y disciplinas exige desarrollar capacidades hoy imprescindibles en cualquier entorno profesional: comunicación intercultural, liderazgo compartido, adaptación al cambio, pensamiento crítico, creatividad colectiva y resolución de problemas complejos. El estudiante no solo conoce otro país; aprende a construir conocimiento con personas que interpretan la realidad desde perspectivas diferentes.
Existe además otro aspecto especialmente relevante. La menor duración de estos programas facilita que un mismo estudiante pueda participar en varias experiencias internacionales a lo largo de su formación universitaria. Frente a la lógica tradicional de una única movilidad, emerge la posibilidad de construir un itinerario internacional compuesto por distintos proyectos, universidades y equipos de trabajo. Esta acumulación de experiencias configura lo que podríamos denominar una auténtica cartera —o portfolio— internacional de experiencias. Cada proyecto incorpora nuevos contactos, metodologías y contextos culturales, obligando al estudiante a integrarse una y otra vez en equipos internacionales para alcanzar objetivos comunes. Esa repetición consolida una capacidad de adaptación y colaboración difícilmente alcanzable mediante una única experiencia internacional. Para las instituciones de educación superior, esta evolución representa también una oportunidad estratégica. Los programas internacionales de corta duración diversifican la participación estudiantil, fortalecen las colaboraciones entre universidades y permiten construir trayectorias internacionales más ricas y diversas. Quizá la transformación más significativa no sea la aparición de nuevos formatos, sino el cambio de paradigma hacia el que avanza la internacionalización de la educación superior. Muchas de las experiencias que hoy encuentran un encaje más natural en las estrategias institucionales nacieron, hace años, del entusiasmo de docentes principalmente. Aquellas iniciativas demostraron el potencial de este modelo, y es ahora cuando encuentran un lugar cada vez más definido en estrategias de internacionalización que no se miden solo en tiempo de permanencia en otro país y listados de instituciones, sino que se valoran también por la calidad de las experiencias, los proyectos desarrollados y las relaciones que se construyen. Internacionalizar ya no consiste únicamente en cruzar fronteras geográficas. Consiste, sobre todo, en crear oportunidades para que los estudiantes aprendan a colaborar más allá de ellas. Cada proyecto compartido, por breve que sea, puede convertirse en un paso decisivo hacia una educación superior más abierta, más flexible y mejor preparada para un entorno profesional donde la cooperación internacional ha dejado de ser una excepción para convertirse en una competencia esencial. Quizá ese sea el verdadero cambio de paradigma: entender que el valor de una experiencia internacional depende menos de su duración que de la intensidad del aprendizaje y de la capacidad de construir, a lo largo del tiempo, una trayectoria internacional rica en experiencias y relaciones.
ISBN
979-13-992606-0-1
Publication Date
23-9-2026
Publisher
Editorial UDIT
City
mADRID
Language
es
Rights
open access
Recommended Citation
Conde Melguizo, Rafael and Blanco Marcos, Jessica, "Creativity in a digital world" (2026). Libros. 14.
https://sciencevalue.udit.es/libros/14

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El grupo de investigación ECSIT ha organizado el BIP “Creativity in a digital world”, donde se ha trabajado en cómo cuidar y fomentar la creatividad en un mundo digital. Las actividades han incluido un taller de lectura, un hackathon, cine fórum, talleres de proyectos con inteligencia artificial y la participación en la mesa “La Semana de Marte: las tecnologías que colonizarán el plantea rojo”, actividad oficial de la Semana de la Ciencia 2025 de la Comunidad de Madrid. Las actividades han tenido lugar tanto en el Campus Internacional de Tecnología, Innovación y Ciencias Aplicada